Eduardo Expósito celebra cuatro décadas de una trayectoria artística multidisciplinar, iniciada en Cuba y desarrollada internacionalmente. Su obra, que abarca pintura, escultura, grabado, fotografía, performance y teatro, se caracteriza por una libertad expresiva donde lo escénico es fundamental.
Su universo visual está poblado por rostros y cabezas enigmáticas, de una rica variedad morfológica. Estos personajes, solitarios o acompañados, con trazos notables, esgrafiados y un colorido abigarrado dentro de contornos definidos, evocan tanto máscaras rituales como los rostros cotidianos de la memoria. Un elemento distintivo son los ojos multiplicados, que observan, vigilan y se protegen, reflejando la condición humana en un mundo actual de mirada penetrante. A veces, estos seres se coronan con peces, crustáceos o aves, guiños a su entorno natural y cultural de origen.
La materialidad de su arte es primordial, llegando a aplicar la pintura con los dedos en un gesto que conecta con los orígenes más esenciales de la expresión. Así, la obra de Expósito persiste, reconocible y cambiante, como un testimonio profundo y sugerente de una carrera fructífera y en continua evolución.